22 abr. 2009

SANTORINI. ISLA DEL AMOR



Aquel verano después de dos años consecutivos adentrándome en la impresionante belleza del Himalaya, decidí que valía la pena dedicarle unos días a Montse mi compañera en aquellos días y la mujer con la que compartía la mayoría de los miércoles y fines de semana.

Deje que ella fuera quien decidiera el destino de aquellas vacaciones, y tengo que reconocer que la elección de la enigmática y hermosa isla de Santorini fue un gran acierto.

No queríamos pasar nuestro valioso tiempo de isla en isla por el Mar Egeo, subiendo en un barco tras otro y haciendo y deshaciendo maletas como hace la mayoría de los turistas y optamos por conocer en profundidad esta pequeña y sorpréndete isla, sus pueblos blancos, sus iglesias de cúpulas azules, sus playas volcánicas, su enigmática historia y sus fabulosas puestas de sol.



Santorini la antigua Tera, debe su nombre a Santa Irene nombre con la que bautizaron la isla los colonizadores venecianos. Esta bella isla es una de la más probable ubicación de la Mítica Atlantis, que según el relato de Platón fue engullido por el mar debido a una catástrofe natural, posiblemente una erupción volcánica, sucumbiendo la mayoría de sus habitantes y llevándose con ellos el misterio de esta desaparecida civilización.

Efectivamente la actual característica de la isla, se debe a la gran erupción de un volcán situado en el centro de la Isla y cuya intensidad parece ser fue muy superior a la tan conocida erupción del Krakatoa en el Océano Indico.

La isla tiene el aspecto de un enorme volcán en el que parte de las paredes de su caldera se hubieran derrumbado, permitiendo la entrada del mar en su interior, quedando en el centro un islote con los restos de la cima del volcán que emerge unos 300m sobre el nivel del mar, y que todavía hoy desprende fumarolas como vestigio de su antiguo pasado.



Esta isla pertenece al archipiélago de las Cícladas y esta situada en su extremo más meridional.

Alquilamos un pequeño todo terreno con el que recorrimos incansablemente la isla de un lado a otro.
Tomando aperitivos en alguna terracita con vistas al mar y regalándonos unas románticas cenas a la luz de la luna, mientras saboreábamos la agradable cocina griega y una música típica que nos reblandecía el alma.

Después nos perdíamos por las concurridas y animadas callejuelas de la bella ciudad y regresábamos a la tranquilidad de nuestro hotel a recuperarnos para seguir haciendo descubrimientos la mañana siguiente.

La verdad es que esta Isla dejo en mí una imborrable huella que hará que siempre que piense en una hermosa isla venga a mi recuerdo los maravillosos días que pase en ella.

Hay sitios como este que siempre me han dejado el deseo de volver.

Aunque las circunstancias hayan cambiado esta isla invariablemente me hace pensar en AMAR.



No importa que nuestras vidas se hayan alejado.
Ni tan siquiera que tu ya no pienses en mí.
Y que yo ame profundamente a otra mujer.
SANTORINI, siempre será nuestra Isla.


Conde de Queralbs.

QUERALBS

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